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SOBRE LLUVIAS, DEPRESIONES Y TORMENTAS

 Por. Aleida Alavez Ruíz

Las consecuencias desastrosas de las intensas lluvias generadas por varios fenómenos hidrometeorológicos de las semanas recientes también han generado una lluvia de cuestionamientos hacia los tres niveles de gobierno y se podrían convertir en los próximos días en verdaderas tormentas políticas.

La atención se ha centrado en cuestionar la actuación de todo el sistema de Protección Civil, entendiéndose éste como el compuesto por la Federación, los Estados y los Municipios, y en revisar a detalle los avisos, alertas y alarmas que se necesitaban haber generado para anunciar, y en la medida de lo posible, evitar las fatales consecuencias que todos conocemos.

Todo parece indicar que aunque Conagua emitió los boletines y los avisos de manera oportuna, ninguna de las autoridades de Protección Civil dimensionó los efectos y las consecuencias de este fenómeno “atípico” y por ende no procedieron a activar los mecanismos de alertas, refugios, desalojos, abastecimiento de víveres, activación de brigadas de emergencia, y el resto de acciones que tendrían que haber aplicado de acuerdo al Sistema de Alerta Temprana para Ciclones (SIAT).

Este Sistema, que establece los protocolos a seguir ante fenómenos “típicos” va marcando claramente las acciones y procedimientos que se deben de implementar en función de la cercanía y trayectoria del fenómeno, así como en atención a la cantidad de lluvia que se prevea sea depositada en cada localidad, fijando las acciones en rangos de temporalidad con colores que van del azul al rojo.

Según la información que se ha hecho pública, “Manuel” nunca llegó a ser considerado en el color rojo de alerta máxima, sino que de amarillo saltó a naranja en un lapso de menos de 12 horas, y regresó a amarillo en un lapso igual. Esto implica que en menos de 24 horas todas las autoridades de cuando menos cuatro estados y más de 300 municipios, tenían que haber cambiado sus esquemas de prevención, alertamiento y seguridad en este breve lapso. Cosa que no ocurrió.

Cuando “Manuel” tocó las costas de Guerrero y llevó casi 900 milímetros de agua a la entidad (cuando en un año el promedio de lluvias ronda los mil milímetros) las autoridades de los tres niveles de gobierno se quedaron estacionados en las acciones previstas en el color amarillo; por ello, aunque la reacción pudo haber sido en tiempo (como lo han señalado las autoridades) sin lugar a dudas las acciones emprendidas no correspondieron a la dimensión y gravedad del fenómeno.

Hoy toca efectivamente hacer la revisión de la actuación de muchos funcionarios de los gobiernos y revisar las acciones desplegadas antes, durante y después de la contingencia y esta revisión estoy segura, que se convertirá en una tormenta política también “atípica”.

Pero es más urgente hacer una revisión y en su caso una depuración del Sistema Nacional de Protección Civil, de sus protocolos, de sus sistemas de comunicación y de su capacidad de coordinación y reacción para que estos hechos no vuelvan e repetirse, para que en los próximos meses no tengamos que estar lamentándonos por muertes que pudiesen haber sido evitadas.

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